Adiós a los relojes atómicos: el reloj nuclear de torio ya está funcionando

Primer plano artístico de un láser dorado atravesando una estructura que evoca un reloj nuclear de torio-229
El láser, el cristal de torio y el tiempo: la receta del reloj nuclear (imagen ilustrativa).

Hay un reloj en Viena que pierde un segundo cada 30 millones de años. No es un reloj atómico: es nuclear. Y acaba de convertirse en el primero de su tipo que funciona solo, sin ayuda de nada más.

Durante décadas, el reloj atómico fue el dueño absoluto del tiempo: el que sincroniza tu GPS, tu banco y hasta los satélites. Ahora tiene un heredero con un detalle incómodo: sus núcleos atómicos son 10.000 veces más pequeños que un átomo entero, lo que los hace casi inmunes a las distracciones del mundo exterior.

¿Qué es un reloj nuclear y por qué importa?

Un reloj atómico mide el tiempo con las vibraciones de los electrones de un átomo (normalmente cesio o estroncio). Un reloj nuclear usa el núcleo del torio-229, que tiene dos estados de energía tan cercanos entre sí que un láser puede "encender" o "apagar" el núcleo a voluntad.

Eso no pasa con casi ningún otro núcleo: sus saltos de energía son demasiado grandes para que un láser los toque. El torio-229 era el único sospechoso. Y en abril de 2024, los equipos de TU Wien y el PTB de Braunschweig confirmaron la transición nuclear que todos buscaban.

El truco que lo hace imbatible

El reloj de Viena, liderado por el profesor Thorsten Schumm, usa un cristal con átomos de torio irradiado por un láser. El núcleo absorbe la luz solo cuando la frecuencia es exacta. Si el láser se desvía por temperatura o ruido, la absorción cae — y el sistema se corrige solo.

Resultado: un reloj autorregulado que mantuvo su estabilidad más de 24 horas sin intervención humana, con un error de 10⁻¹⁵, según publicó el equipo en Nature.

Suena poco. Es brutal: esa precisión equivale a desviarse un segundo en 30 millones de años, y es solo el prototipo.

China ya respondió: 6 veces más estable

No pasó ni una semana. Pekín publicó su propio reloj nuclear de torio-229 con una estabilidad 6 veces superior a la de Viena, según reportes del South China Morning Post y estudios revisados por pares.

Dos continentes, dos relojes nucleares, una carrera por la medición más precisa de la historia de la física. El American Physical Society ya la bautizó: "la carrera de la precisión".

¿Para qué sirve tanta precisión?

No es solo presumir. Con esta tecnología se puede:

La parte incómoda

El reloj de Viena todavía no supera a los mejores relojes atómicos ópticos del mundo. Schumm lo admite: "para un primer prototipo, es un resultado fantástico".

Y aquí va nuestra opinión: la noticia no es el récord. Es que la física deja de ser teórica y se vuelve infraestructura. Cuando el torio-229 se estabilice como negocio, los relojes atómicos de cesio — los que llevan décadas mandando — van a quedar obsoletos como un teléfono con cable.

El tiempo, literalmente, se está reinventando.

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¿Crees que el reloj nuclear reemplazará al GPS y a los relojes atómicos de tu teléfono en esta década? Déjalo en los comentarios.